jueves, 14 de noviembre de 2019

A labios cocidos

A LABIOS COCIDOS

Las risas de mis hermanos quiebran el mágico e hipnótico silencio de la noche, sonrisas y alegría. Aquellas características de mi niñez que quizás sea común entre familiares que se tienen confianza. Si pudiera colarme en la habitación, desapercibida, y sentarme en una de las camas para presenciar de manera vívida como se divierten con aquel apasionante y enigmático juego llamado Mario Kart.

Pero la realidad es más complicada que entrar porque hace días que quiero. Los tres hermanos que me acompañan en esta monótona y vacía vida tienen una relación de cariño. Se abrazan y besan, tienen conversaciones intensas y entusiasmadas, se relajan jugando juntos. Pero entre ellos y yo solo hay una relación de sangre, sana, acompañada por la cordialidad y amabilidad consecuente.

Imaginármelo se siente incómodo.

Acompañarlos en su sesión de juegos sería pactar con el diablo por mi propio suicidio. Los quiero, me quieren, pero no lo suficiente. Y a veces esa diferencia duele.

miércoles, 23 de octubre de 2019

¿Y si el fin del mundo fuera mañana?

¿Y SI EL FIN DEL MUNDO FUERA MAÑANA?

Si mañana empieza el inicio del fin, de lo que existe y se sabe hasta ahora. Si un virus se propaga por el país, por el continente, por el mundo. ¿Qué sentido tendría mi vida? Ni estudios, ni trabajos, ni futuros proyectos.

Nunca tendría una casa ni la decoraría, no me graduaría de una carrera, ni sabría qué se siente tener más de trescientos mil pesos en las manos. La casa que ordeno todos los días, los diarios que he escrito, los dibujos: se esfumarían.

Me quedaría en nada y no tendría sentido seguir viviendo. El mundo se acabará de todas maneras, ¿por qué no ahora? ¿qué caso tiene mi vida? ¿por qué sigo viviendo? ¡Hago lo mismo todos los días! Leo las Escrituras, hago mi oración, guardo los mandamientos lo mejor que puedo y presto servicio.

¿Qué estoy esperando entonces, si seré tan promedio como lo soy hoy? ¿Qué está esperando el Padre de un arbusto como yo? Siento que no puedo hacer más fresas, que ya he rendido frutos y no puedo mejorar más nada.

Qué espera que haga. Ojalá pudiera saber cuál es el propósito que le da sentido a estar aquí.